Factores del Suelo

 

El ambiente de un organismo se define como la suma de todas las fuerzas y factores, bióticos y abióticos que afectan su crecimiento, estructura y reproducción. En agroecosistemas es importante entender cuales de estos factores ambientales y sus niveles pueden limitar a un organismo. Por ello, cuando se evalúa la aptitud agrícola de una cierta área y la necesidad de introducir prácticas específicas de manejo y recuperación de suelos, se deben observar una serie de características climáticas y otros aspectos relacionados con las condiciones de la tierra como la topografía y las condiciones del suelo (Gliessman, 2000; FAO, 2000).

 

Topografía. La topografía se caracteriza por los ángulos de las pendientes, su longitud y forma, es un factor importante para determinar la erosión del suelo, las prácticas de control y las posibilidades de labranza y tiene una influencia primaria sobre la aptitud agrícola de la tierra. Cuanto mayor es la pendiente mayor será la erosión del suelo; además las áreas con pendientes agudas presentan un menor potencial de uso agrícola debido a la mayor dificultad de la labranza, de los riegos y del transporte en el campo (FAO, 2000).

 

Suelo. El suelo es un complejo de componentes, dinámicos y vivos de los agroecosistemas; incluye material derivado de rocas, material orgánico e inorgánico, aire y agua que ocupan los espacios entre las partículas. Un suelo ideal para la agricultura es el que se compone de 50% de material mineral y 50% de espacio poroso; este material mineral debe estar entre el 45 a 50% del volumen total, un 5% o menos de materia orgánica en diferente grado de descomposición, un 25% de agua y 25% de aire para el adecuado crecimiento de las plantas (Call, 1999; Gleissman, 2000).

 

Textura. La textura del suelo es la proporción relativa de las fracciones de arena, limo y arcilla que constituyen la masa del suelo; tiene influencia sobre el movimiento y la disponibilidad de la humedad del suelo, la aireación, la disponibilidad de nutrimentos y la resistencia a la penetración por las raíces. En términos generales los suelos arcillosos son difíciles de cultivar y presentan problemas de drenaje y aireación; por el contrario, los suelos arenosos son fáciles de labrar y tienen buena aireación, pero su drenaje es excesivo, retienen poca agua, se secan con rapidez y los nutrimentos se pierden por lavado. Los suelos francos son los que tienen cantidades similares de arena, limo y arcilla y se consideran los más adecuados para la agricultura, pero depende del cultivo a establecer (Curt, 1999; FAO, 2000; Gleissman, 2000).

 

Lámina de agua. El agua del suelo es la fuente de la alimentación hídrica de las plantas y el medio que contribuye a la dinámica de los procesos químicos del suelo y al mantenimiento de la actividad orgánica. El suelo que soporta la planta debe tener la capacidad para mantener y almacenar el agua que recibe; esta capacidad de agua utilizable por las plantas es una propiedad del suelo ligada a su estructura y textura, para su conocimiento se recurre a puntos de referencia conocidos como capacidad de campo (CC) y el punto de marchites permanente (PMP). Estos puntos de referencia en combinación con la densidad aparente del suelo y su profundidad son características que se pueden utilizar para hacer las estimaciones de la lámina de riego a aplicar en los cultivos (Torres, 1981; Curt, 1999).

 

pH. La medición del pH (potencial Hidrógeno) significa medir la actividad del ión [H+] en la solución del suelo, es una medida de la acidez o alcalinidad de un suelo. El pH del suelo tiene un efecto en la disponibilidad de los nutrimentos, en la actividad de los microorganismos y en la solubilidad de minerales del suelo. La escala de medición tiene 14 divisiones conocidas como unidades pH, los valores alrededor de un pH de 7 corresponden a un suelo neutro, valores inferiores son ácidos (zonas lluviosas) y superiores de 7 son alcalinos (zonas secas); comúnmente, valores de pH entre 6.0 y 7.5 son óptimos para el crecimiento de la mayoría de los cultivos (Call, 1999; Luters y Salazar, 2000).

 

Salinidad. La conductividad eléctrica del suelo da una idea de la cantidad de sales solubles en el suelo, así a mayor conductividad mayor salinidad en la solución del suelo. Todos los suelos contienen algo de sales, las cuales son esenciales para el crecimiento de las plantas; sin embargo un exceso de sales inhibe el crecimiento de las plantas al afectar el equilibrio suelo-agua (un aumento de la presión osmótica de la solución del suelo causan falta de humedad) o bien a causa de los iones tóxicos, los cuales por un desbalance de los nutrimentos inducen deficiencias (FAO, 2000; Luters y Salazar, 2000).

 

 
 

 

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